Nuestra Visión

Destacarnos como empresa líder en el mercado de la seguridad privada por nuestro profesionalismo, capacidad de adaptación y apoyo a nuestros clientes.

Nuestra Misión

Colaborar a nuestros clientes en asegurar la continuidad de sus negocios y reducir de la manera más eficiente posible los gastos asociados a perdidas desconocidas permitiendo la maximización de la rentabilidad del negocio, en un ambiente profesional, de confianza y respeto mutuo.

Leemira Consultores Asociados.

Nació en el año 1998, al alero de Jorge Lee Mira, Oficial de la Armada ®, quien luego de varios años en el mundo de la seguridad privada decidió aventurarse en el mundo de las consultorías, dicha aventura aun continua y se nutre día a día de los desafíos que nos plantean nuestros clientes.

Somos una empresa especializada en la Superación de Riesgos Puros. Estamos integrados por un equipo profesional de amplia trayectoria y experiencia tanto nacional como internacional.

Nos encontramos en Chile, en la ciudad de Santiago, comuna de La Reina, y prestamos servicios con cobertura nacional incluso en faenas de alto riesgo como minería, forestales y acuicultura.

Nuestras líneas de negocio son las consultorías en seguridad física, analizando los procesos operacionales, de soporte y auxiliares de las organizaciones o sociedades, hasta comprenderlos en su centro, y determinando niveles de riesgos asociados a las actividades inherentes de nuestros clientes, una vez analizados según la modalidad de consultoría aportamos activamente en la optimización de los recursos y procedimientos de mejoramiento de los parámetros de seguridad física.

Disminuir las perdidas es una responsabilidad Gerencial, que debe abordarse con el apoyo de los mejores en Prevención de Perdidas, Seguridad Física y Riesgos Puros.

El secreto de la llave:

¿Cómo un elemento tan pequeño, puede entregar la enorme idea de protección? ¿Cómo tan frágil diseño, puede representar la fortaleza de la custodia? El día había sido provechoso para el almacenero y ya era tiempo de retirarse a la calidez del hogar, por lo que simplemente dejó todo en orden, apagó todas las luces del local, salió y procedió a dar dos vueltas a la llave en la cerradura. Después de tan importante acción y sentirse tranquilo, tomó la llave y la guardó rutinariamente junto a las otras, que ya habían cumplido su tarea de cerrar.

 

Así, todos los activos, el esfuerzo y el tiempo invertido por el almacenero para conseguirlos, se encontraban bajo el alero de protección que les proveía un sencillo y diminuto elemento que cabía en un bolsillo y no tenía más valor que su peso en el material del cual estaba confeccionado.

 

Desde los inicios en que el hombre fue capaz de guardar sus bienes, secretos, pertenencias e incluso el pudor de doncellas, se hizo necesario contar con un instrumento que pudiese negar o facilitar el acceso al lugar protegido, y, si bien en un principio los antepasados de la llave no fueron de alta alcurnia, (como la vieja y muy conocida tranca, que consistía en un grueso pedazo de madera, con marcadas cicatrices de luchas por mantener secretos y valores protegidos), siempre se le consideró en todo lugar que requiriese de protección, no dudándose jamás de su eficacia, ni del valor intrínseco que poseía.

 

Sin embargo, la llave no dejó nunca de ser simplemente, la llave. Jorge Lee